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Gato 2

Oficina 1

Bus 49

Vecino 1

Edificios 1

Starbucks

Oficina 1-2

Suceso

Habían dos gatos hermanos; uno más blanco que el otro pero ambos amarillos anaranjados. Los hermanos, seguían a su mamá para todos lados en el jardín frontal de nuestra casa. Es un jardín medio privado, medio público; frondoso en vegetación lo cual hace que nadie entre salvo yo, cada sábado, cuando limpio la basura que los vecinos de arriba lanzan. Ambos hermanos y su mamá vivían en el basurero común pero visitaban el jardín esporádicamente. Uno de los hermanos, que bautizamos como "Pequeño Gatito" decidió dejar su familia atrás para vivir en el jardín. A veces vemos a su mamá. No hemos visto a su hermano hace bastante. Pequeño gatito duerme en casa durante estos días de invierno, pero a veces desaparece por dos días. Creo que secretamente se reúne con su familia para maullar sobre sus aventuras. Seis de Octubre del dos mil diecisiete.

Por las noches, la oficina está tranquila. Pero esta noche, esta noche la oficina está en otra dimensión: la luna está llena, la luz amarilla de la lámpara de cristales combina con la luz multicolor de la perla de Shanghai, y el cielo particularmente oscuro grita silencio. Sin música esta vez con los pies cruzados sobre la mesa comencé a escribir esta historia, esperando el momento para tomar esta foto. Esta noche, es mi última noche en esta oficina.

El bus cuarenta y nueve era para mí como el pan es para ustedes. Apretujado entre los viejitos, el bus cuarenta y nueve es demandado para llegar a los hospitales mas importantes de la ciudad por las mañanas. Yo me bajo en el último paradero, y camino entre el casquete antiguo de la ciudad. ¡Qué privilegiado que soy! El bus cuarenta y nueve está limpio y me siento en el mismo lugar cuando regreso a casa. El chofer me saluda; cosa rara en esta ciudad tan impersonal comenzando el recorrido en dirección opuesta. Saben dónde me bajo. Me conocen. Pero no quiero decirles que es la última vez que me subiré en el bus cuarenta y nueve. Improbablemente, comentaron sobre el gringo que no subió más al bus cuarenta y nueve.

Temprano, seis treinta, escuché quejidos. Eran quejidos de cansancio. Y es que me había dormido hacía poco. Entonces me perdí de los quejidos enérgicos de su práctica. El sol sale antes de las seis durante el verano Shanghainés y de seguro él ya estaba en la callejuela agitando el acero sin cuidado durante el crepúsculo. El guardia de la vecindad le preguntaba cosas, patidifuso, mientras el vecino espadachín corta el aire con movimientos erráticos. Era ya tiempo de mi trote matutino, saludé sonriendo a todos en el camino, como cada día.

El momento llegó. Y lo esperé incontables días. Cuando los edificios se transformaron en oro, a nadie le sorprendió. Algunos movieron la cabeza, miraron, y regresaron la vista a sus pantallas. Nadie se levantó. En esa oficina pasaban cosas que catalogo como mágicas.

En Shanghai, hay más de seiscientas cafeterías Starbucks. Pronto las visitaré todas. La cafetería Starbucks Reserve Roastery ⭐️ R más grande del mundo con 2.700 metros cuadrados es una de esas seiscientas, y aquí los clientes ven pasar los granos de café de verde a tostado de manera inmersa y fresca, viajando por tuberías sinfónicas de cobre a través de la tienda para luego ser almacenado en un silo cubierto con diez mil letras Chinas ancestrales talladas a mano que cuentan la historia de Starbucks, es molido, y es servido. También sirven cerveza, cocktails con café, más de ochenta pasteles italianos horneados en el lugar por la primera pastelería de Rocco Princi en Asia. La barra de café más larga del mundo está ahí; mide veintisiete metros. Aquí yace la promesa de proveer café premium y excepcional de grano a taza por ocho de los más altamente entrenados cafeteros de China. Dos datos divertidos: China es el mercado más grande del mundo para Starbucks; abriéndose una tienda nueva cada quince horas. Una de las letras que recubre el silo, tiene un error.

El momento llegó. Y lo esperé incontables días. Cuando los edificios se transformaron en bronce, a nadie le sorprendió. Algunos movieron la cabeza, miraron, y regresaron la vista a sus pantallas. Nadie se levantó. En esa oficina pasaban cosas que catalogo como mágicas.

Se arrancó el santo.